Estimada comunidad holística, caminantes, transitantes de Acuario; estoy reciclando una entrevista que realicé el año 2019 cuando Mario nos entregó unos seminarios magistrales. La revista en que fue publicada ya no existe y estoy rescatandola para ti y quienes nada saben de kabbalah y un refresh para quienes ya son bendecidos en conocimiento. Mario estará en agosto y quedan las ultimas plazas de tres seminarios, por niveles, que dictará. Un imperdible.
Por SYBILA ELISHEBA

foto:Verónica Ibarra
Entrevista al Dr. Mario Sabán: Los Secretos de la Kabbalah Occidental
El doctor Mario Sabán es teólogo, filósofo, escritor, ensayista y especialista en la aplicación práctica de la kabbalah. Cuenta con más de seis doctorados —en disciplinas como psicología, antropología y matemáticas, entre otras— y tiene más de 16 libros publicados. De origen argentino, nació en el seno de una familia sefardí descendiente de los judíos expulsados de España en 1492, país donde reside en la actualidad.
Por estos meses (2019) se encuentra realizando una intensa gira que contempla Estados Unidos y algunos países de América Latina. Una persona dinámica, con un gran sentido del humor y empatía; un orador indispensable en seminarios, ponencias y conferencias sobre las temáticas de la mística hebrea y del judaísmo. Sumamente respetado y querido por la gran cantidad alumnos virtuales al rededor del mundo y de su escuela.
En Perú fue homenajeado con una moción de saludo y reconocimiento por parte de los congresistas de la República. En su paso por Chile, recibió muy cordial a Sybila Elisheba, profesora de astrología y tarot kabbalista, para profundizar en algunos conceptos fundamentales de la kabbalah. Honrada de poder compartir con tan respetado erudito de la sabiduría del Árbol de la Vida.
Un caluroso recibimiento en Santiago
¿Cómo te sentiste en ambas ponencias en Santiago? ¿Esperabas tan calurosa bienvenida? El salón estuvo lleno tanto en el hotel Stanford como en la Sinagoga Maguén David, y el público te conocía muy bien… ¡te admiran !
Cuando llegué a Chile me di cuenta de que me conocían; me abrazaban y me besaban como a alguien muy familiar. Es curioso, porque yo no conozco a las personas que están del otro lado. La verdad es que no me esperaba ¡tanto! Fue increíble en ambos sitios. La kabbalah es una potente herramienta espiritual y la gente se está dando cuenta de eso. Y yo, a mi vez, me doy cuenta de cómo la gente se va percatando de ello (risas).
Pensaba en el gran esfuerzo que hicieron muchos de los asistentes: vinieron desde Iquique, en el norte, hasta Punta Arenas, en el extremo sur de Chile. Es una comunidad que estudia a nivel individual e independiente, más allá de que vean o no mis videos. ¡Qué ganas tenían de aprender! Me siento muy satisfecho y feliz.
¿Por dónde se debe comenzar a estudiar kabbalah y por qué obras empezamos a leer a Mario Sabán?
Recomiendo empezar por libros introductorios. Por ejemplo, hay un joven kabbalista llamado Ione Szalay que posee libritos pequeños pero de gran profundidad. Mario Satz también tiene textos breves muy buenos sobre el Árbol de la Vida y el análisis místico del Cantar de los Cantares. Antes de adentrarse en mis propias obras, estos libros son ideales como una introducción serena.
También sugiero los textos de Alexandre Safrán, un cabalista franco-suizo contemporáneo del siglo XX; su libro se titula, precisamente, La Kabbalah. Luego recomiendo los libros de Marcos Barnatán, aunque están casi agotados. De mi autoría, sugiero comenzar por Sod 22: El Secreto, que es un libro extenso.

La Teoría del Todo: Una ciencia multidisciplinaria
¿La kabbalah es una ciencia?
La kabbalah es una ciencia antigua y medieval. Como tal, no es una disciplina única con un objeto de estudio limitado: lo estudia todo. Todas las disciplinas se derivan de ella y pueden estar en conexión.
Cuando comencé a profundizar en la kabbalah, me di cuenta que podía hacer todos los doctorados que quisiera. En realidad, es fascinante cómo puedes entrar en las formas geométricas a través del concepto de Atzilut (uno de los cuatro mundos kabbalísticos) y conectarlo con disciplinas como la arquitectura y la geometría. Es un universo tan vasto que uno se pierde. ¡Yo también me pierdo, nos perdemos todos! (risas).
El desafío que plantea es que, si eliges una línea de investigación, lo mejor es seguirla hasta el final. Por ejemplo, yo no estoy especializado en astrología; por lo tanto, a quien entra en ella le digo: profundiza hasta el final. Con mis tesis, yo profundizo en un área y luego vuelvo a salir. La kabbalah te permite entrar y salir de todas las disciplinas. Es impresionante. Los doctorados, para mí, reflejan esa naturaleza multidisciplinaria; demuestran la posibilidad de estar en un análisis constante del Todo. Pero como nuestra mente humana no puede procesar el Todo, tenemos que ir fragmentándolo. Por eso decimos: nos vamos a ocupar del alma humana, del Universo o de la rotación de las almas, para no perdernos entre tantos temas.
La matemática de Dios y la neurociencia
¿Estudiaste matemáticas debido a la Guematría, esa rama de la kabbalah que analiza el valor numérico de las palabras?
No, entré a las matemáticas para tener una vía de acceso a la comprensión de las ecuaciones y para acercarnos a entender el infinito.
La Guematría es una rama de la numerología kabbalística, pero la numerología tiene más que ver con la sinestesia, que es una disciplina actual dentro de la neurociencia que analiza nuestras neuronas. Explica cómo la neurona realiza una traducción simultánea en todos los niveles. Para dar un ejemplo: si ves una botella, percibes su forma física, pero tu neurona traduce esa botella en un número, aunque no seas consciente de ello. Los adultos somos sinestésicos parciales o asinestésicos, pero hasta los dos o tres años de vida todos poseemos una sinestesia casi total. Esto significa que si un bebé escucha música, esta le puede provocar la sensación de un sabor, porque su neurona traduce simultáneamente todos los sabores posibles, las formas geométricas, los números, los colores y las frecuencias de vibración.
Cuando hablamos de números en kabbalah, nos referimos a una correspondencia de traducción de toda la actividad neuronal en todos los campos de percepción. Es matemática vinculada directamente a la neurociencia.
Física cuántica, ángeles y la caída de los dogmas
La kabbalah ha sido muy vinculada a la física cuántica, ¿es viable dicha comparación?
Se acerca muchísimo, porque la física cuántica está realizando estudios sobre fenómenos que los kabbalistas del siglo XVI ya analizaban. Por eso es tan interesante adentrarse en la física. Actualmente estoy en permanente diálogo con el físico David Jou, de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien ha incorporado postulados de la kabbalah dentro de sus obras.
Existen análisis en la astrofísica sobre el nacimiento del Universo que coinciden con los postulados kabbalísticos. Te das cuenta de que la ciencia y la espiritualidad transitan por el mismo camino. Los dioses infantiles de las religiones tradicionales se están viniendo abajo. La gente espiritual necesita un camino de explicación racional y científico que no resulta para nada paradójico. Por el contrario, la ciencia está tratando de explicar lo que en kabbalah se entiende como el campo intuitivo. El hombre espiritual que profundiza no será acientífico; al revés, será sumamente científico.
Lo que la ciencia nos está mostrando hoy es que todo es pura energía, que es exactamente lo que los místicos llevan diciendo desde hace siglos. Estamos ante una convergencia total. Y como decía Isaac Luria en el siglo XVI, existen pensamientos dentro de toda esa energía: estamos hablando de energías conscientes.
Por lo tanto, cuando los místicos hablan de los ángeles —que la gente suele imaginar como entidades aladas separadas de la realidad—, en verdad nos referimos a energías autoconscientes que se manifiestan dentro de la realidad misma. Cuando ocurre un desplazamiento de esa energía consciente, estamos hablando de un ángel. Un ángel se visualiza según la interpretación cognitiva de cada persona, por lo que nunca habría superstición en ello. Lo que hay es una transformación de información adaptada a las estructuras y condicionamientos de nuestra cultura.
Por ejemplo, un musulmán nunca va a vislumbrar a Jesús, porque no forma parte del ámbito de su cultura. En Japón existen otros arquetipos y no figura el profeta Elías. Estamos hablando de simbologías que operan en una visualización dentro de una realidad condicionada por lo cultural, pero que corresponden a energías reales que se manifiestan.
Si somos hiperracionales, que es el gran estigma de Occidente, podemos llegar a reprimir esa situación humana. Como decía Ken Wilber, referente de la psicología transpersonal: este nivel de la espiritualidad se puede reprimir. Y ahí es donde aparece la psiquiatría —no toda, pero sí una gran parte— haciendo un daño tremendo. Cuando una persona experimenta estos elementos simbólicos, se la descalifica diciendo que «perdió el norte» o que «está loca». Todos esos estados son connaturales al ser humano, a menos que exista un daño neurológico real, lo cual es distinto. Para la kabbalah, la locura explicada se vuelve sabiduría.
La mística del lenguaje y el poder de los símbolos
Una de las Sefirot se enfoca en los ángeles y la energía, ¿cómo entendemos la conexión con ellos?
Tenemos que ser conscientes de que la kabbalah está profundamente enraizada en el idioma hebreo y en la escritura del texto bíblico; posee una base gramatical muy fuerte. Existe una tesis doctoral excelente del año 2008 de una amiga, María del Rosario Paz Blanco, donde realiza un análisis de Abulafia y demuestra que la kabbalah es, en esencia, una mística del lenguaje.
Nosotros usamos el lenguaje hebreo porque tiene una doble utilidad: como medio de comunicación y como información arquetípica y simbólica. Cada una de nuestras letras supone una consciencia arquetípica con la cual estamos relacionados. Algo muy radical en la kabbalah es que toda energía que se manifiesta es un ángel. Abulafia decía: «Como tenemos palabras limitadas y la realidad supera nuestro lenguaje, roten las letras». Puede que lo escrito no te diga nada intelectualmente, pero mueve energía, porque es su representación vibratoria. Indudablemente, es la energía que existe al otro lado de la realidad oculta y se mueve a través de una revelación. Primero se revela el objeto y luego le ponemos un nombre. Primero descubrimos la herramienta y luego la nombramos «ordenador» o «computador».
La kabbalah lo explica así: existen infinitas energías en el otro lado. Desde nuestra mente conceptual es difícil controlarlas o definirlas, pero podemos vincularnos a ellas mediante lo simbólico y lo arquetípico. Por ahí tenemos más poder de conexión con los campos profundos de la realidad. En ese sentido, estaríamos más cerca de la visión junguiana. Cada cultura tiene sus propios símbolos y sistemas de conexión; por ejemplo, los celtas con los druidas tenían el suyo. Pero en el fondo, aunque cada cultura lo traduzca a su manera, todos estamos hablando de lo mismo.
La seriedad conceptual de la Kabbalah Occidental
Lo que llama la atención de la kabbalah es que no es solo una guía mística de revelación espiritual, sino que los kabbalistas se tomaron el trabajo de escribir en detalle y conceptualizar estos procesos con gran seriedad…
Exactamente. Cuando alguien da una conferencia de kabbalah, se nota un rigor académico. Cuando asistes a ponencias de otras espiritualidades, el occidental suele percibir una falta de consistencia interna en el discurso. Lo que nosotros ofrecemos como ventaja para el pensamiento occidental es precisamente el discurso y su hermenéutica. No olvidemos que la kabbalah es occidental: aunque la tradición sitúa su origen en Israel, se desarrolló con fuerza en la España de la Edad Media y los grandes textos nacieron en el sur de Francia y el norte de España. Es la mística occidental más profunda y conceptual. Por eso el occidental se siente cercano a ella: cuando se explican sus conceptos, no hay divagaciones. Es seria, estructurada y aceptable racionalmente.
¿Es la kabbalah la cuna de lo que después se comercializa como «paquetes místicos» bajo otros nombres?
Totalmente. Comenzando por la teosofía de H.P. Blavatsky, que tiene un gran componente de kabbalah; pasando por la antroposofía de Rudolf Steiner; o la masonería, que está prácticamente construida sobre una psicología absolutamente judía. La masonería es increíble, es pura kabbalah. Los nombres de Dios también están presentes en los análisis de los rosacruces. Toda la mística occidental está relacionada, de manera activa o pasiva, con la kabbalah.
Lo curioso es que, por siglos, las fuentes de la kabbalah permanecieron herméticas, cerradas bajo estricto secreto para una élite. Nosotros somos la primera generación que se está adentrando libremente en esos misterios. Eso es lo verdaderamente impactante: estamos redescubriendo una sabiduría que estuvo oculta durante eras.
Integración de lo femenino y el verdadero significado de la Kabbalah
¿Existe machismo en la kabbalah? El feminismo actual suele abanderarse con Lilith como arquetipo hebreo de liberación…
Lilith no tiene nada que ver con el feminismo; Lilith es la parte oscura de Eva, son arquetipos. Si les sirve como bandera para sus reivindicaciones, me parece muy bien. Sin embargo, la kabbalah de la que hablaba Abulafia ya en el siglo XIII sostenía que hay que pensar como mujer. ¡En pleno siglo XIII! Es decir, nosotros tenemos muy clara la importancia de la polaridad femenina. El hombre que no integra su parte femenina pierde una parte esencial de la Unidad.
Debemos tener ambos aspectos bien desarrollados para construir una buena pareja. Cuando uno no desarrolla sus propios aspectos internos, obliga al otro a asumir la parte que le falta. Y para cuando el otro intenta reconquistarlo, ya es tarde. Los grandes conflictos de pareja son, en realidad, desarreglos de lo femenino y lo masculino que cada uno lleva dentro. Antes de unirse a alguien, primero se deben equilibrar esas fuerzas en el interior.
A propósito del arte del amor y la unidad, coméntame sobre la raíz del concepto «Kabbalah».
En el hebreo original no existe el acento tal como lo conocemos, por eso se pronuncia con la fuerza en la ‘a’ final: Kabbaláh. Significa «saber recibir». Pero también existe otra forma de entenderla: «ir en paralelo con la realidad». Si profundizas, la kabbalah es el sentido común que el ser humano ha perdido; es una vuelta a la cordura. Es tan de sentido común que nuestra mente —que no suele buscar la verdad, sino el autoengaño— no está acostumbrada.
Nos hemos desconectado de la energía del Universo. En hebreo, la desconexión se llama exilio: se dice que estás en Golah. Si a la palabra Golah le agregas la letra Alef, la transformas en Gueulah, que significa «redención». Por lo tanto, si te conectas a la Unidad, estás redimido; si te desconectas, estás exiliado. El exilio es un problema de conciencia.
A quien no está conectado con esa unidad se le reconoce rápidamente porque es conflictivo. Alguien que proyecta conflictos en la realidad es alguien disociado, porque cuando estás conectado, lo único que deseas es estar bien con el otro y no generar problemas. Si aparecen conflictos constantes, hay una desconexión de base. Muchas veces ocurre que una persona está conectada y la otra no, entonces la primera recibe los ataques. Cuando estamos disociados, poseemos una sombra no integrada que, en términos de kabbalah, es un Hasatán (un adversario) hostil. Debemos amigarnos con ese Hasatán. Si no lo integras y lo proyectas hacia afuera, dirás que todos tienen la culpa, que te agreden y que son una amenaza. Y si no se lo envías al otro, sino que te lo quedas pero tampoco lo integras, te enfermas.
Desde el punto de vista del sufrimiento y del mal, la kabbalah lo tiene muy claro: si envías tu sombra hacia afuera, eres un conflictivo; si la dejas dentro de ti sin trabajarla, te enfermas. La clave es reconocer esa parte oscura, asumirla, trabajarla e integrarla. Ese es el verdadero proceso de madurez. En el Árbol de la Vida, a esto lo llamamos entrar en Tiferet: la honestidad. Ser capaces de decir: «Este soy yo, con mis fortalezas y mis debilidades». Si no me reconozco, siempre estaré en guerra conmigo mismo. ¿Dónde voy a tirar la basura? La kabbalah te dice: la basura no se esconde, hay que reciclarla.
La maldad es producto de la ignorancia. Si alguien comete un acto malo, por más inteligente que sea, la raíz de su acción es la ignorancia: está ignorando algo que le falta. El problema es la falta de conocimiento. Cuando uno aumenta su nivel de conocimiento, se acerca inevitablemente al otro. En la kabbalah, situamos el amor debajo del conocimiento; no porque sea menor, sino porque el amor es el fundamento del saber. Cuando amas, asumes el conocimiento profundo: eres uno con el otro. Y no eres uno por simple empatía, sino porque te das cuenta de que formas parte del Todo y que la otra persona también.
El despertar de la conciencia y los nuevos tiempos
¿El concepto del «despertar de la conciencia» pertenece originalmente a la kabbalah?
Así es. Estamos viviendo los últimos pasos de la era del Mesías, el final del ciclo de los 6000 años, el cierre de la época de Gevurah (el rigor). La kabbalah anticipa que en los próximos 200 años se transformarán las estructuras de poder: los ejércitos, las policías y los Estados tradicionales cambiarán de forma. Internet ya está planteando un poder transversal que modifica las jerarquías. No es que el poder vaya a desaparecer, sino que se va a reformular por completo.
Para que emerja una nueva distribución del poder, debe haber primero un cambio de conciencia en cada uno de nosotros; debemos dejar de operar bajo el esquema del poder vertical. Para la kabbalah, el proceso exige primero la Teshuvá, que es la transformación de la conciencia personal. Solo entonces cambiará la sociedad. No es un cambio que vaya de la sociedad hacia el individuo, sino del individuo hacia la sociedad.
El poder de las letras hebreas y el Tikkun
¿Por qué es importante la meditación con las letras hebreas y los 72 nombres de Dios?
Porque las letras son portales simbólicos de conexión energética y hay que estudiarlas. Se analizan las 22 letras del alfabeto hebreo y sus respectivos portales, los cuales existen en muchos niveles. Por ejemplo, los 72 nombres de Dios operan en el mundo de Yetzirah (formación). En el universo de Briah (creación) tenemos mantras como el Ana Becoaj, que abren experiencias a ciertos niveles angelicales. Estas experiencias conllevan revelaciones de información profunda.
La kabbalah busca que el portal sea efectivo, pero comprende la individualidad: puede que una persona no se conecte con las letras y prefiera conectar mirando la naturaleza. El método que elija cada alma no es lo importante; lo verdaderamente crucial es que esa información se integre para su crecimiento personal, es decir, para la rectificación de su alma, lo que llamamos su Tikkun.
¿El Tikkun es lo mismo que el karma?
No es exactamente la misma palabra, aunque es un concepto parecido. El Tikkun es la rectificación del alma; aquello que el alma vino a trabajar en esta existencia. Para lograrlo, se tiene que mover todo el Árbol de la Vida, desde la materia más baja hasta la energía más alta. Somos almas encarnadas porque la materia tiene una función sagrada. Por eso encarnamos y reencarnamos: porque tenemos que rectificar aquí abajo.
Espiritualidad material y la función del Todo
Entonces, Mario, no vinimos a este mundo a sufrir, sino a realizarnos y a mover la energía en el plano material. Explícanos cómo se entiende lo material y la ley de la abundancia en la kabbalah.
Los grandes kabbalistas afirman que Keter (la corona, lo divino) está en Maljut (el reino, lo material); es decir, «el secreto está en la materia». En lo más profundo de lo material se puede encontrar prácticamente todo. La materia es el último velo que te impide ver la realidad, pero no es mala en sí misma; se vuelve negativa solo si te quedas atrapado en el velo. El velo manifiesta la energía de los átomos. Si tu cuerpo es la manifestación del amor —es decir, energía interior que sale a expresarse— y lo utilizas correctamente, entonces la materia se convierte en un instrumento poderosísimo.
El problema radica en perderse al no tener alineada la energía interior con el instrumento. Sería como obsesionarse con la estética de una herramienta olvidando para qué sirve. El instrumento siempre está al servicio de algo superior. La kabbalah sostiene que toda existencia, tanto en el campo de la materia como de la energía, tiene una función específica. Nosotros solemos ignorar esa función, pero cuando la descubrimos, entendemos cómo opera la verdadera espiritualidad. De hecho, la espiritualidad podría definirse como la búsqueda de las funciones del Todo.
¿Qué es el Midrash?
El Midrash es un método de exégesis e interpretación que utiliza parábolas y relatos. Trae enseñanzas que se vuelven más populares y accesibles para que cualquier persona pueda comprenderlas. A veces la kabbalah puede tornarse excesivamente teórica y compleja; por eso, estos conceptos se bajan a la tierra a través de pequeños cuentos, narraciones y meditaciones. No pertenecen al nivel del secreto profundo (Sod), pero son perlas hermosas de la enseñanza. Jesús de Nazaret, por ejemplo, actuaba mucho a través de estas perlas; el cristianismo tiene parábolas muy potentes.
Jesús de Nazaret bajo la lupa kabbalística
Posees un destacado trabajo de investigación sobre Jesús de Nazaret. Has indagado in extenso sobre su figura…
Profundamente. Casi todas las enseñanzas de Jesús de Nazaret se encuentran dentro de los estudios de la kabbalah; de hecho, suelo citar a Najman de Breslov para compararlas. Si tomamos las palabras de Jesús y las cotejamos con las de los grandes kabbalistas a lo largo de la historia, la gente se quedaría asombrada al ver que nosotros estudiamos, prácticamente, toda su estructura ideológica. Jesús fue un judío místico del siglo I; vivió y murió como judío.
¿Es posible explicar los cinco niveles del alma a un niño? Pienso en una madre interesada en transmitir esta enseñanza a sus hijos…
A un niño directamente no lo sé, pero sí puedo darle un consejo a la madre. Aunque, en realidad, un niño por su propia naturaleza innata suele conocer estos niveles mucho mejor que nosotros…
El consejo para una madre es que entienda que está tratando con un alma. Como las almas regresan por rotación, puede haber grandes sabios habitando los cuerpos de nuestros hijos. Por ese motivo hay que tenerles un respeto inmenso; esos niños pueden venir espiritualmente muy evolucionados. Eso como primer punto. Lo segundo es ofrecerles un amor ordenado: amor con disciplina y disciplina con amor. Un amor sin límites es difícil, se deben tener reglas claras; pero si solo existen normas rígidas, también es peligroso.
Los niños poseen percepciones mucho más elevadas que los adultos. Por eso, hasta los seis, siete u ocho años, tienen pesadillas intensas, sueños lúcidos y ¡ven las almas! Los adultos solemos decirles que no tengan miedo, que eso es mentira y que no existe, pero el niño lo sigue viendo. Lo que deberíamos decirles es que no tengan miedo de que eso exista. Yo mismo, a los ocho años, le dije a mis padres: «Vi a mi abuela» (que ya había fallecido). Ellos me respondieron de forma natural: «Bienvenido a la familia. Puedes hablar con tu abuela cuando quieras».
Si tomamos la espiritualidad con naturalidad frente a los niños, crecerán sanos y felices. Pero si les insistimos en que todo lo que perciben es mentira, lo primero que hacemos es cercenar su capacidad de fantasía y manifestación, y luego les bloqueamos sus intuiciones reales con el otro lado. El libro bíblico de los Proverbios dice: «Educa a tus hijos según su camino». No dice «según tu propio camino». Hay que observar cómo se manifiesta el sendero de su propia alma y guiarlo en su dirección, no intentar que sea tu clon.
En Occidente tenemos el vicio de querer controlar el saber; los conceptos nos dan pautas de control. Lo que hay que hacer es saber, ¡no controlar el saber! Controlar el conocimiento es un acto egótico y sumamente desgastante.
Plantas maestras y el peligro de los atajos
¿El consumo de las llamadas «plantas maestras» es peligroso en el proceso del despertar de la conciencia?
El problema no es que no se valore el esfuerzo de esos procesos, sino el riesgo de saltarse etapas por querer ir demasiado rápido: consumirlas para obtener una iluminación inmediata y mirar el otro lado «por la vía rápida». Quieren mirar el otro lado esperando que eso los lleve a Dios.
Yo digo: medita, estudia, enamórate de la vida. No busques una iluminación si no eres capaz de integrarla primero. La kabbalah insiste en que hay que integrar esas experiencias en el día a día. No es necesario tomar Ayahuasca, por ejemplo, para ver el conflicto que tienes con tu madre; lo necesario es mirar el conflicto de frente y ver cómo lo vas a resolver en el plano real.
Aquí entra también ese concepto que considero nefasto: el del «retiro». La gente suele aislarse y retirarse del mundo. En la kabbalah, para encontrar la verdadera iluminación, el proceso es al revés: debes involucrarte cada vez más en el mundo. Yo estoy en contra de los retiros. Creo firmemente que hay que buscar la luz en el mundo, dentro de la materia, observando cómo la gente lucha por su sustento diario. Ahí es donde uno debe darse cuenta de la realidad.
Conciencia ecológica y la vibración del universo
¿Explica la kabbalah la necesidad de equilibrio en el ecosistema?
Por supuesto. Cada dimensión posee una frecuencia vibracional específica y tenemos que ir vibrando de manera equilibrada en cada una de ellas. En el Árbol de la Vida estas dimensiones se llaman Sefirot, campos vibracionales que son diez en total. La kabbalah es una disciplina en diez dimensiones (10D). El reto es compatibilizar energéticamente todas ellas; a veces no somos capaces de hacer un centro unificado de estas diez energías.
Somos parte de la naturaleza; si nos definimos como algo ajeno o enfrentado a ella, caemos en una distorsión absoluta. Es una locura provocar ese desequilibrio; si lo hacemos, nos terminaremos suicidando como especie. En hebreo, la palabra para «Tierra» es Adamá, y de ahí proviene el nombre Adam: el producto de la Tierra. Si destrozamos nuestro planeta y lo dañamos ecológicamente, la implicación es directa sobre nosotros, porque estamos dentro del sistema, no divididos de él.
¿Qué es la Emunah?
Emunah proviene de la raíz hebrea Uman, que significa «entrenamiento». El entrenamiento implica que, a través de la constancia, yo adquiero confianza profunda. Esto crea un círculo virtuoso que produce voluntad: una firme voluntad de transformación. Transformarse, en hebreo, se vincula con la palabra Tefilín, de donde deriva Tefilá, que significa «rezar» o «plegaria». Por lo tanto, cuando uno reza de verdad, se transforma.
Una cosa es un rezo mecánico y otra muy distinta es tener Kavaná, es decir, intención pura y concentración. La Tefilá con Kavaná significa que estás verdaderamente conectado. La meta del kabbalista es permanecer conectado todo el día y en todo momento, no solo durante el tiempo de la oración. Al principio la gente no lo logra, por eso practica mediante la oración y la meditación: para aprender a establecer ese canal de conexión.
¿El rezo debe ser obligatoriamente en hebreo?
No, en absoluto. Najman de Breslov tiene una frase bellísima que lo resume a la perfección: «Incluso en todas las lenguas de la tierra nos conectamos con Dios».
Más información del entrevistado en:
Escuela para formar maestros de kabbalah: www.mariosaban.com

